El amor. La mayor fuerza existente, fuente de felicidad y responsable de los dolores más profundos. El único sentimiento capaz de invadir y controlar todo nuestro ser, y más aún, capaz de mover el mundo. Eso que sentimos por todas y cada unas de las personas que se cruzan en nuestro camino y dejan huella. Esas personas que nos enseñan y nos ayudan a crecer y mejorar sin saberlo, las que nos dan las cosas más simples cuando más lo necesitamos. La mayoría de las veces, no nos damos cuenta de que eso puede desvanecerse sin aviso alguno.
Por ese motivo, no debemos culparnos por echar de menos aquello que no va a estar de vuelta. Porqué puede que perder aquello que nos dio todo permita que ganemos mucho más. Esas cosas que te enseñan, que te hacen sentir lleno y querido pero que por algún motivo, ahora brillan por su ausencia, son la prueba de que el amor ha estado en ti. La prueba de que tienes mucho por lo que sentirte orgulloso, mucho a lo que aferrarte y mucho de lo que aprender. Las pérdidas permiten que nos demos cuenta de lo que queremos dentro o fuera de nuestra vida a partir de ese momento. Nos permiten ganar mucho más de lo que nos quitan, porqué realmente, todo lo que puede parecer que se va siempre permanecerá en ti.
Aprovecha la melancolía que sientas al recordar todos esos momentos y personas y regodéate en ella. Aférrate tanto como necesites y nunca te sientas culpable. No sabes lo mucho que vas a llegar a conocerte y a crecer gracias a ello. Quiérelos, pero sobretodo quiérete.
-C-